El sueño no se recupera. Las horas que no dormimos no las compensamos con un fin de semana de siestas. En el sueño no existe la lógica de la recuperación o del crédito, es decir, cuando dormimos poco vamos acumulando un cansancio progresivo que en algún momento se empieza a ver reflejado en nuestra salud o comportamiento.
No estamos hablando del insomnio, del no poder conciliar el sueño, que es otra clase de problema, sino de las horas que le robamos a las noches para quedarnos trabajando, enganchados con una serie, atrapados con un libro o reunidos con amigos. Las horas que podríamos dormir pero decidimos no dormirlas.
Los especialistas coinciden todos en afirmar que dormir menos de seis horas por día -en el caso de un adulto promedio- es poco. Y que ese número acumulado en, al menos, un mes produce una desregulación de los ciclos del organismo que, a su vez, genera desajustes físicos y mentales. En principio, por ejemplo, “dormir menos de una hora de lo que uno debería disminuye la capacidad de estar alerta en un 33%”, asegura el doctor Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires.