La vida íntima de una persona es solo eso: íntima. Juzgar a alguien por su historial de parejas dice más sobre los prejuicios sociales que sobre el carácter de quien es juzgado. Cada quien tiene derecho a escribir su propia historia, sin etiquetas ni dobles estándares. El respeto comienza al entender que la dignidad no se mide en experiencias, sino en la capacidad de tratar a los demás con humanidad.»
¿Alguna vez te preguntaste por qué se cuestiona la vida sexual de una mujer, pero se celebra la de un hombre? Los estereotipos de género alimentan esta desigualdad. Una sociedad justa no asigna valores distintos a comportamientos iguales. Rompamos el mito de que la ‘reputación’ está ligada al cuerpo: lo que realmente importa es el respeto, el consentimiento y la ética en todas las relaciones.»
Hablar de sexualidad debería centrarse en salud, respeto y bienestar emocional, no en números o juicios. Educar desde el consentimiento, la comunicación y la responsabilidad es clave para construir vínculos más sanos. Dejemos atrás los prejuicios: una persona no es más o menos valiosa por su historial íntimo. Lo importante es cómo nos tratamos, no cuántos hemos amado.»